Si vivir en pareja ya es complicado, vivir rodeado de desconocidos lo es todavía más. Precisamente por ello los problemas entre vecinos no son nada extraños en las comunidades. En medio de todos ellos y sus conflictos se encuentra el Administrador de Fincas, que muchas veces debe actuar como mediador para intentar poner fin al problema.

Problemas más comunes en las comunidades de vecinos

Las razones por las que dos o más vecinos se pueden llevar mal son muy variadas, pero el ruido es uno de los focos más importantes de problemas. El vecino que hace demasiado ruido al salir de casa muy temprano, el que pone la lavadora a las 2 de la madrugada para ahorrar, el que no es capaz de educar a su perro para que deje de ladrar, el que se pelea constantemente con su pareja, el que se pasa la vida moviendo muebles o viendo la televisión o escuchando música a un volumen demasiado alto, etc.

Consecuencias de los problemas vecinales

Aunque se trata de problemas puntuales que afectan a pocas personas, lo cierto es que un problema vecinal se puede convertir en un conflicto que incida en toda la comunidad de vecinos.

Muchas veces esas rencillas personales salen a relucir en la junta de propietarios, haciendo que el problema se agrave. O bien, los vecinos enfrentados por un problema personal no son capaces de ponerse de acuerdo ni para votar los dos a favor de algo que sea positivo para la comunidad, con el consiguiente perjuicio para el resto.

¿Qué puede hacer el Administrador de Fincas?

Cuando surge un problema personal entre dos vecinos no es extraño que uno de ellos, o incluso un tercer vecino, pida al administrador que tome medidas.

Este profesional no puede imponer una solución, puesto que no tiene potestad para ello, pero en aras de la paz vecinal suele intentar mediar para que la situación no vaya a más.

Lo normal es que intente contactar con los vecinos afectados por escrito. Por ejemplo, escribiendo al vecino ruidoso para avisarle de que se han presentado varias quejas y recordándole que los estatutos de funcionamiento interno de la comunidad prohíben la realización de ruido a ciertas horas.

Este tipo de información también podría ser dada por el administrador personalmente al vecino molesto, pero muchas veces la gente responde mejor ante una amonestación escrita.

Si tras el primer intento no mejora la situación, se puede intentar una segunda comunicación avisando a quien está causando problemas de que se pueden tomar acciones legales si no cesa en su conducta.

En algunos casos el administrador incluso puede intentar citar a los vecinos afectados por el conflicto para que comparezcan en su oficina y hablen tranquilamente, intentando solucionar el problema. No obstante, muchas veces son los propios afectados los que no están dispuestos a dar su brazo a torcer y no aceptan esta posibilidad de solución.

Hasta aquí llega la intervención del Administrador de Fincas en un conflicto vecinal. Si el problema no se soluciona y el origen del mismo implica un incumplimiento de los estatutos comunitarios o de la legislación, o incluso si el mismo empieza a afectar a la comunidad, lo único que queda por hacer es acudir a los tribunales para intentar solucionarlo.

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